Enanismo en la Historia de España. ¿Quién fue Maribárbola?

Les presento, queridos lectores, un capítulo de Historia, de nuestra Historia, poco convencional.

A la pregunta propuesta supongo que solo contestarán los más versados mientras que la primera frase nos concede una pista esencial para resolver la cuestión. Si hablamos de una mujer enana famosa, independientemente de que sepamos o no su nombre, todos pensaremos en una de aquellas que aparecen retratadas en el cuadro Retrato a la Señora Emperatriz con sus damas y enana, popularmente conocido como Las Meninas, quizás la obra más famosa del insigne pintor Diego de Velázquez. Aplausos para todos, han acertado vuestras mercedes, pero incluso habiendo dado en el blanco, la pregunta sigue sin ser respondida debido a que muy pocos son los datos disponibles en relación a este curioso personaje que, si ha pasado a la posteridad, mucho ha tenido que ver la pintura referida. Se trata de un cuadro estudiado hasta la saciedad en torno al cuál han sido elaboradas múltiples teorías, ninguna de ellas relacionada directamente con la enana que se encuentra detrás del perro, la que por sí misma se ganó un lugar de honor en el mismo título de uno de los lienos más famosos del mundo, Maribárbola (María Bárbara Asquín), pues era común en la corte de los Austrias tener enanos contratados para divertimento y servicio, costumbre que hoy en día sería tachada de deleznable y un atentado a la honorabilidad del ser humano; desgraciadamente, no siempre fue así y las crónicas están colmadas de  ejemplos semejantes que vienen a confirmar que el enanismo ha llamado siempre la atención y no siempre del mismo modo.

Un análisis pormenorizado de los rasgos de este enigmático personaje permite afirmar con escaso margen de error que Maribárbola padecía acondroplasia, un subtipo, el más frecuente,  de enanismo, englobado en el grupo de las condrodisplasias u osteocondrodisplasias, caracterizado por una serie de rasgos fenotípicos distintivos tales como estatura baja, frente prominente, curvaturas anómalas de la columna vertebral (cifosis y lordosis) e incluso estrechamiento del canal raquídeo, pies en arco, disminución del tono muscular y una muy marcada desproporción de la cabeza frente al cuerpo, fenómenos todos ellos perfectamente retratados por el insigne pintor en su famoso lienzo. Ser enano en esos tiempo constituía una desgracia pues, unidos a la minusvalía y la sintomatología derivada de las alteraciones musculo-esqueléticas mencionadas,  eran considerados seres deformes que no valían más que para distraer ya fuera formando en las filas de circos o como personal de compañía adscrito a la Corte a alguna familia nobiliaria de rancio abolengo. En este segundo caso, los enanos podían sentirse más afortunados (si es que se tomaban a bien su condición) pues tenían derecho a ropa, comida y cama e incluso sueldo y no dormían a la intemperie. Muchos de ellos incluso gozaron del aprecio de sus señores, fueron debidamente instruidos y pudieron desempeñar cargos de cierto peso pues la acondroplasia no se asocia a retraso mental. Es más, se trata de una enfermedad que imprime afán de superación en aquellos que la sufren.

Maribárbola debió de ser una mujer con carácter que gozó de las simpatías de la familia real y es por ello y por el mismo exotismo de su presencia que fuera retratada en una de las escenas más famosas de todos los tiempos. Procedente de Alemania, Maribárbola llegó a la Corte Española tras la muerte de su señora, la condesa de Villerbal y Walter. El otro enano que aparece retratado en el cuadro, a su vera, se llamaba Nicolás Pertusato.

Pregunta importante. ¿Por qué este interés en Maribárbola a la hora de elaborar un artículo? Quien conozca a un humilde servidor, médico de profesión y vivaz lector, sabrá de antemano la respuesta. Resulta que cayó en mis manos una curiosa novela que llamó desde el principio mi atención, El secreto de Maribárbola, novela de la asturiana, natural de Candás, María Tersa Álvarez, editada por Martínez Roca en el año 2004. En ella la autora se inventa, basándose en hechos reales, una curiosa historia en torno al secreto más oculto de este desconocido y pequeño personaje, trama fluida que alterna el tiempo presente y pasado para contarnos los avatares de una familia noble, la de los condes de Saelices, coetáneos al reinado de Carlos II y al ministerio de Don Juan de Austria. Serán precisamente la condesa viuda, Adela y sus tres hijos los que sirvan de excusa para introducirnos superficialmente en la hipócrita sociedad del siglo XVII en una España que se desmoronaba después de haber sido dueña del mundo y que veía con el Tratado de Nimega una insatisfactoria resolución de los graves problemas de desgobierno heredados por el reino tras la muerte de Felipe II. Se trata de una novela de amor y desamor, de honra y deshonra, de recuerdos y silencios, de alegría y tristeza, y de destino, siempre presente como quiromántico mantra que guía a los personajes allí a donde les toca llegar. Salamanca, Madrid y Roma se repartirán el protagonismo como telón de fondo y Maribárbola descubrirá su secreto solo cuando deba hacerlo.

Sigamos hablando un poquito más del enanismo acondroplásico. Desde el punto de vista genético es una enfermedad autonómica dominante, de modo que si uno de los padres alberga el gen defectuoso existe un 50% de posibilidades de que un hijo herede la misma mientras que si ambos progenitores son portadores el porcentaje alcanza el 75%. También es posible que un enano acondroplásico pueda tener descendencia libre de la enfermedad o todo lo contrario, que mediante mutación espontánea padres sin la alteración genética puedan tener un hijo con acondroplasia.

Maribárbola no gustaba de mirarse en los espejos pues no se sentía cómoda con su figura pero como mujer con carácter era coqueta e intentaba suplir con bonitos vestidos su cuerpo deforme, circunstancia de la que da fe en una carta. En El secreto de Maribárbola el formato carta no pasa desapercibido y no es de extrañar pues era el medio de comunicación por antonomasia entre personas residentes en distintas ciudades e incluso en distintos países. Paralelamente, la Historia de España se describe por sí misma y se alterna eficazmente con los manuscritos que el  lector va desbrozando lentamente, sin hacer ruido, en silencio.

Si en la Corte de los Austrias el número de enanos llegaba a alcanzar la cifra de casi cincuenta, es lícito preguntarse por qué fue precisamente Maribárbola la elegida para figurar en el cuadro. Quizás las infantas tuvieran algo que ver con la decisión o puede que incluso el propio pintor exigiera su presencia, ya fuera para contrastar su ausencia de belleza con la presente en los rostros juveniles de las damas o bien por otros motivos que ya entran en el campo de las suposiciones. Lo que sí parece cierto es que la enana gustaba de observar los tejemanejes del pintor en su estudio, en el que pasaba horas y horas en las que surgían conversaciones de lo más variopintas. Se sabe que Maribárbola sabía leer y escribir y que Velázquez le profesaba gran aprecio e incluso puede que tomara parte activa en su educación, pues le enseñó su particular visión de la realidad y quizás incluso se encariñara con aquella devota de su persona con la que gustaba departir.

¿Pudo haber algo más entre Velázquez y la enana? Son preguntas que me hago y que no puedo contestar pero no sería descabellada la idea. Sin ir más lejos, uno de los protagonistas de la famosa serie Juego de Tronos padece la misma enfermedad que Maribárbola y no tiene ningún problema para enfrentarse a las más peregrinas situaciones; es más, su minusvalía le hace ser más fuerte ante la adversidad, fenómeno universal pues el ser humano se crece ante la adversidad.

María Teresa Álvarez hace uso de una prosa sencilla, sin barroquismos, para contarnos un relato de ficción histórica que hace reflexionar, e incluso nos invita intencionadamente a preguntarnos en qué porcentaje ese secreto del que hace alarde con el título elegido pudo ser fiel a la verdad. En nuestro tejado queda el balón o a nuestros pies el guante arrojado.

Me parece  este un buen momento para lanzar la afirmación con la que prologo  el titulo del presente artículo: enanismo en historia. Es, no cabe duda, el punto de partida para realizar un viaje penetrando en la biografía de interesantes personajes que han alcanzado fama internacional no solo por su fisionomía sino que en la mayoría de las ocasiones lo han hecho por el magnífico desempeño que han realizado de cualidades que nada tienen que ver con el físico. Comencemos una lista que sirva como aperitivo para completarla en sucesivos capítulos:

  • Angelo Rossitto, actor.
  • Don Santigo de los Santos, ahijado del virrey de Filipinas
  • Gary Coleman, el famoso Arnold de la serie televisiva.
  • Billy Barty, actor
  • Charles Proteus Steinmetz, erudito colaborador del mismo Edison en el análisis de los circuitos de corriente alterna.
  • Danny Woodburn, actor…

La mayoría de ellos han triunfado en el mundo del espectáculo y el cine en el que han demostrado que el talento no es incompatible con la merma física y todos ellos podrían protagonizar una novela. Quizás algún día lo hagan.

Sirva este artículo como tributo a todos ellos y como consejo para leer en estos días de verano que ya nos han alcanzado.

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